Empleo pleno: la excepción entre los jóvenes argentinos de 18 a 25 años
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA advirtió que la inserción laboral juvenil está profundamente fragmentada y que el nivel socioeconómico del hogar define en gran medida las chances de acceder a un trabajo formal o de permanecer en el sistema educativo.
El mercado laboral juvenil argentino exhibe una fragmentación cada vez más pronunciada, según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). El dato resulta elocuente por sí mismo: apenas el 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años accede a un empleo pleno, mientras que el 86% restante se distribuye entre la informalidad, el desempleo de corta o larga duración y la inactividad total. La especialista en economía de este medio, Andrea Carrizo, señaló que se trata de una fotografía que describe con crudeza la distancia entre las expectativas formativas y la realidad del primer tramo de la vida laboral.
Vamos a los números: cómo se reparte la inserción juvenil
El informe del ODSA detalla que el 30,2% de los jóvenes de 18 a 25 años cuenta con algún tipo de empleo regular, aunque dentro de ese universo el 16% trabaja en condiciones precarias. A ese segmento se suma un 22,5% que realiza changas, tareas eventuales o intermitentes, o atravesó episodios recientes de desempleo. Más atrás queda un 10,7% que lleva más de seis meses sin trabajo y, finalmente, un 36,6% que directamente no busca ni ejerce actividad laboral remunerada. Comparado con el año anterior, el cuadro no muestra mejoras sustanciales y, en algunos estratos, la situación tiende a profundizarse.
El peso del origen familiar aparece como un factor determinante. El 20,7% de los jóvenes no estudia ni trabaja, pero esa cifra trepa al 34,2% en el estrato socioeconómico muy bajo y se reduce al 8,3% en el estrato medio alto (datos del ODSA-UCA). En la misma línea, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar varía de manera significativa: el 41,2% de los jóvenes del estrato medio alto solo estudia, mientras que en el estrato muy bajo esa proporción cae al 15,6%. Apenas el 13% del total logra combinar estudio y trabajo de manera simultánea.
- Empleo pleno: 14,2% del total de jóvenes de 18 a 25 años.
- Empleo precario dentro del empleo regular: 16% del 30,2% con trabajo registrado.
- Changas, trabajos eventuales o desempleo reciente: 22,5%.
- Más de seis meses sin trabajo: 10,7%.
- Inactividad total (ni estudia ni trabaja ni busca empleo): 36,6%.
El Observatorio advirtió que el empleo del principal sostén económico del hogar opera como un ancla clave. Cuando ese adulto cuenta con empleo pleno, aumentan las probabilidades de que el joven permanezca dentro del sistema educativo; cuando predominan la precariedad o el desempleo en el hogar, crece el riesgo de que el joven tampoco estudie ni trabaje. No obstante, el propio organismo aclaró que, incluso con un empleo protegido del principal sostén, no se borra la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja (datos del ODSA-UCA).
“Incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja.”Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA)
La consultora Zentrix aportó otra dimensión al problema al analizar el comportamiento de los ingresos. Según ese estudio, el 85,5% de los jóvenes de 18 a 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible, frente al 60,6% de quienes tienen entre 40 y 59 años. La menor antigüedad laboral, la mayor incidencia de la informalidad y los salarios de entrada propios del primer empleo explican, en buena medida, esa brecha etaria.
La inserción irregular sin estudio crece del 4,9% al 26,8% entre el estrato medio alto y el muy bajo. En paralelo, quienes no estudian ni trabajan pasan del 13,3% al 30,5% cuando el jefe o jefa de hogar deja de tener empleo pleno y pasa a una situación de subocupación o desempleo inestable (datos del ODSA-UCA). Andrea Carrizo, Economía, sostuvo que estos indicadores ponen en evidencia que la condición de origen opera como una suerte de techo de cristal antes incluso del ingreso al mercado de trabajo.
De cara al mes próximo, el dato a mirar será la evolución del empleo registrado juvenil que publica el Ministerio de Trabajo, junto con los nuevos registros del ODSA-UCA sobre asistencia escolar y transición al primer empleo. Una eventual caída del trabajo formal entre los 18 y 25 años confirmaría la tendencia a la fragmentación que describe el informe; un repunte, en cambio, permitiría discutir si la recuperación macroeconómica empieza a llegar, también, a los más jóvenes.
