El ovario no se apaga: un estudio muestra que sigue activo décadas después de la menopausia
Una investigación conjunta de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento cuantificó más de 5.800 proteínas en tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años y comprobó que el órgano mantiene procesos biológicos vinculados a la inflamación, la inmunidad y la reparación hasta bien entrada la tercera edad.
Son casi las diez de la mañana en el barrio de Belgrano y, mientras el sol de junio entra tibio por la ventana, leo con asombro un trabajo que acaba de publicar la revista Aging Cell: un grupo de científicas norteamericanas demostró que el ovario no se convierte en un órgano dormido después de la menopausia, como muchas de nosotras creímos toda la vida, sino que sigue trabajando en silencio, modificando proteínas y adaptándose al paso del tiempo.
La investigación es fruto de un trabajo conjunto entre la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos en Estados Unidos, y se mete de lleno en una pregunta que parecía zanjada: qué le pasa al ovario cuando ya no libera óvulos ni produce las hormonas de siempre. Para responderla, los equipos analizaron 28 muestras de tejido ovárico sin lesiones malignas, obtenidas de mujeres que habían sido operadas por indicaciones benignas.
El mapa proteico del ovario a lo largo de tres décadas
Las donantes tenían entre 50 y 75 años y fueron divididas en tres franjas etarias: 50 a 59, 60 a 69 y 70 años en adelante. Mediante una técnica llamada espectrometría de masas, los investigadores cuantificaron 5.812 grupos de proteínas en esos tejidos y compararon los perfiles entre los tres grupos, como quien arma un álbum de fotos paralelo para ver qué cambió, qué se mantuvo y qué se perdió con el correr de los años.
Lo que apareció fue un cuadro muy claro: a mayor edad, se incrementaron las proteínas asociadas a la inflamación, a la respuesta inmunitaria innata y al recambio de la llamada matriz extracelular, esa red de moléculas que sostiene a los tejidos como un andamio invisible. En paralelo, disminuyeron las proteínas vinculadas a la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas. Dicho en criollo: el ovario va soltando estructura firme y va ganando procesos de reparación y señalización.
Una investigadora que patea el sentido común
Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del trabajo, se animó a desarmar una idea instalada en el imaginario colectivo. La pérdida de fertilidad, explicó la investigadora, está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no significa que el órgano quede sin función, y los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia, como si el ovario siguiera leyendo el manual de instrucciones aunque ya no pueda cumplir la función para la que fue originalmente diseñado.
Por qué importa este hallazgo para la medicina de las mujeres grandes
La comparación con bases de datos previas sobre cáncer de ovario llamó la atención del equipo: las muestras de mujeres de 60 a 69 añospresentaron mayor presencia de algunas proteínas que en investigaciones anteriores se habían asociado a ese tumor, y esa franja coincide, nada menos, con la edad mediana de diagnóstico de la enfermedad. Los autores fueron muy cuidadosos al aclararque ninguna de las participantes tenía signos de cáncer y que el hallazgo no debe leerse como una alarma, sino como una pista para entender mejor cómo envejece ese órgano y por qué a veces se enferma.
“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern
Vuelvo a mi ventana de Belgrano, todavía con el café a medio tomar y el sol tibio de media mañana cayendo sobre la mesa. Pienso en la cantidad de amigas y lectoras que me escriben preocupadas por lo que sienten en el cuerpo después de los cincuenta, cuando muchos médicos -y muchos manuales- dan por sentado que el ovario ya no tiene nada para decir. Este estudio, leído con cuidado y sin exageraciones, nos recuerda algo incómodo y a la vez esperanzador: el cuerpo de las mujeres no se jubila de golpe, sigue produciendo señales, proteínas y defensas hasta bien entrada la tercera edad, y escuchar esas señales con mejores herramientas sigue siendo una tarea pendiente de la medicina y de toda la sociedad.
