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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El magnesio se vendió como promesa de buen dormir y la ciencia todavía no termina de avalarlo

Las ventas de suplementos de magnesio crecieron un 17% en 2025, más que las de melatonina, pero los estudios muestran resultados dispares y los especialistas piden cautela antes de sumarlo a la mesa de luz.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 43 d
El magnesio se vendió como promesa de buen dormir y la ciencia todavía no termina de avalarlo

Son casi las once de la noche y en la farmacia de la esquina de siempre, en el barrio de Belgrano, la clienta que atiende Marta —una mujer de unos cincuenta años, de pelo corto y campera inflada— se inclina sobre la góndola de suplementos con la misma duda de siempre: algo natural para poder dormir de corrido sin despertar a las tres de la mañana con el corazón acelerado. Hace cinco años esa respuesta casi inevitable era la melatonina. Hoy, detrás del mostrador, Marta señala cada vez más seguido un frasco con magnesio y le explica, con esa paciencia de quien ya escuchó la misma consulta cien veces, que "se llenó de videos en las redes" y que la gente lo busca convencida de que es la solución. Esa escena, repetida en farmacias y dietéticas de la Ciudad de Buenos Aires, es el espejo de un fenómeno global que en 2025 se tradujo en números concretos: las ventas de suplementos de magnesio vinculados al sueño crecieron alrededor de un 17%, mientras que las de melatonina subieron cerca del 5%, según la firma de investigación de mercado NBJ. En el caso de la melatonina, además, el negocio rozó los 800 millones de dólares.

Lo que llamó la atención del sector no es solo el volumen, sino el desplazamiento: el magnesio, que durante décadas fue un suplemento asociado a calambres musculares y a la salud cardiovascular, empezó a venderse en el imaginario colectivo como una especie de llave suave para apagar el cerebro cuando llega la noche. En TikTok, en reels de Instagram y en hilos de Twitter, miles de usuarios cuentan que desde que lo toman duermen más profundo y se levantan sin esa modorra que les deja la melatonina. Son testimonios, a veces conmovedores, que ayudaron a empujar al magnesio hacia el tope de los rankings. Y acá es donde la conversación empieza a complicarse, porque la ciencia, hasta ahora, no termina de acompañar esa euforia.

Qué dice —y qué no dice— la investigación disponible

El magnesio es un nutriente esencial, eso nadie lo discute: participa en la regulación de la presión arterial, en el metabolismo del azúcar en sangre y en el funcionamiento del sistema nervioso y muscular. Una de las hipótesis que circulan en la literatura médica es que este mineral podría influir sobre ciertos neurotransmisores vinculados al sueño, promoviendo una sensación de calma y reduciendo la tensión muscular. La teoría suena razonable y, de hecho, es la que repiten muchos videos virales. El problema es que, cuando se baja al terreno de los ensayos clínicos controlados, las conclusiones se vuelven mucho más prudentes. Yo lo resumo así, y se lo escuché decir a más de un especialista: el magnesio puede ayudar a dormir mejor a algunas personas, pero todavía no sabemos a cuáles ni en qué dosis.

  • Un estudio publicado en 2025 dividió a 155 adultos con problemas de insomnio en dos grupos: uno tomó 250 miligramos de glicinato de magnesio entre 30 y 60 minutos antes de acostarse y el otro recibió un placebo. El grupo con magnesio mostró mejoras en los síntomas, aunque los propios investigadores las calificaron de modestas.
  • Un trabajo de 2021 siguió a casi 4.000 personas durante 20 años y encontró que quienes consumían más magnesio —por alimentos o suplementos— dormían más horas y con mejor calidad. Sin embargo, el beneficio desapareció al analizar solo a las personas con depresión, y el estudio no pudo probar causalidad.
  • Una revisión de nueve estudios realizada en 2022 concluyó que, si bien algunos trabajos muestran asociación entre magnesio y mejor descanso, los ensayos clínicos aleatorios arrojaron resultados dispares, lo que impide sacar conclusiones firmes.
“La exageración está mucho, muchísimo más avanzada que la ciencia objetiva.”Dr. Sujay Kansagra, especialista en sueño de Duke Health

La frase pertenece al doctor Sujay Kansagra, especialista en sueño de Duke Health, y resume el estado del conocimiento con una crudeza que a mí, como cronista, me parece saludable. En el mismo reportaje, el médico fue aún más lejos al comparar el magnesio con la melatonina: señaló que la evidencia que respalda a esta última es más sólida cuando se trata de trastornos del ritmo circadiano y desfase horario, como el jet lag o los turnos de trabajo rotativos, aunque aclaró que la mayoría de los expertos en sueño no la recomiendan de manera generalizada para el insomnio común. La comparación es útil porque pone las cosas en perspectiva: ninguno de los dos suplementos es una bala de plata, pero al menos la melatonina cuenta con décadas de uso clínico en indicaciones específicas.

Antes de cerrar, vuelvo a la escena de la farmacia de Belgrano, donde Marta acomoda los frascos mientras la clienta paga con tarjeta y le pregunta, ya en la puerta, si debería tomar el magnesio solo o con vitamina B6. Le recomiendo consultar con su médica de cabecera, le dice Marta, y le entrega un folleto con las formas disponibles: glicinato, citrato, óxido, taurato. La mujer guarda el folleto en la cartera y se pierde en la noche de julio, con un viento fresco que entra desde la avenida Cabildo. Detrás del mostrador, Marta se queda pensando algo que, bien mirado, resume todo este asunto: la gente tiene sueño, quiere soluciones simples, y el magnesio —como antes la melatonina, y antes el valium— aparece en el momento justo para ocupar ese lugar. La ciencia, mientras tanto, sigue trabajando a un ritmo mucho más lento que los reels.

TG

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