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Lunes, 19 de octubre de 2026
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El lagarto que nadie quiso vender y terminó salvando la campaña

Pixar tenía un personaje descartado, sin futuro promocional y con apenas unos minutos en pantalla. Un equipo empecinado lo terminó en los huecos de la producción, lo escondió al final de los créditos de otra película, alguien lo grabó del celular y se desató el fenómeno. La historia de Tom, el animal que se convirtió en meme y en la mejor publicidad de una película original del estudio.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 2 h
El lagarto que nadie quiso vender y terminó salvando la campaña

Lo primero que vi fue un video corto, de esos que aparecen solitos en la pantalla del teléfono cuando uno se queda dormido sobre el sillón. Un lagarto enorme, verde, con cara de pocos amigos, apretando con la pata un botón gigante. Y una voz robótica, plana, sin emoción, que repite una y otra vez la misma palabra: lagarto, lagarto, lagarto. Pensé que era un experimento raro, una extravagancia de internet de esas que duran un suspiro. Pero el video siguió reapareciendo, en distintas versiones, en distintos idiomas, hasta que entendí que algo se me había escapado.

Lo que se me había escapado era Tom el Lagarto, un secundario menor de "Hoppers", la película original que Pixar estrenó en 2026. La animación llegó a los cines precedida por una rareza: un personaje sin peso en la trama, que aparece apenas unos minutos, se convirtió en el centro de la conversación pública. La paradoja es que Disney, dueña del estudio, ni siquiera quería usarlo para vender la película.

Un gag que nadie quería y un equipo que igual lo hizo

Cuando el equipo creativo de "Hoppers" propuso incluir el clip de Tom como pieza fuerte de la presentación oficial en la convención D23, la idea fue rechazada de plano. El director Daniel Chong lo contó sin vueltas en la View Conference, con esa sinceridad que tienen los artistas cuando ya asumieron que la pulseada la perdieron: "No les culpo, porque si estás tratando de vender esta película... Quiero decir, yo no querría usar un lagarto para promocionarlo. No salen castores en esto, y Tom realmente no sale demasiado en esta película." La lectura era lógica, casi aburrida de tan lógica: ¿quién pone a un lagarto de caricatura como cara visible de un estreno familiar?

Dentro de Pixar, sin embargo, algunos estaban convencidos de que ese material funcionaba. La productora Nicole Paradis Grindle hizo algo habitual y a la vez arriesgado: organizó el trabajo para que los animadores pudieran terminar el clip en los ratos libres, en los huecos que dejaba la producción principal. No era una prioridad de calendario, era un favor a una intuición.

Lo escondieron donde nadie miraba

El clip terminado terminó colocado al final de los créditos de "Elio", otra película del estudio, en ese rincón del cine donde quedan los valientes que no se levantan de la butaca hasta que la pantalla queda completamente negra. La estrategia, si es que era una estrategia, parecía un entierro discreto. Llegó igual. Un espectador se quedó hasta el último segundo, sacó el teléfono, grabó el clip, lo subió a internet, y a partir de ahí todo se movió solo.

La confesión de la productora y la pregunta que Pixar todavía no puede responder

La propia Nicole Paradis Grindle lo reconoció con una mezcla de alivio y asombro: "Crear un meme no es algo que se pueda planificar", admitió, aunque enseguida agregó que el fenómeno "abrió los ojos al departamento de marketing de Disney y Pixar a nuevas posibilidades de cómo crear una consciencia de marca para películas originales". Es la frase típica de quien encuentra un tesoro en el tacho de basura y todavía no se atreve a tirar la bolsa.

Y acá viene la pregunta incómoda, la que todavía nadie en el estudio sabe responder. Pixar viene de años sostenidos de secuelas y franquicias conocidas, el tipo de películas donde el marketing tiene el camino señalizado desde el primer minuto. "Hoppers" es distinta: es una historia original, sin personajes previos que arrastren fans, sin marca reconocible en la mochila. Y su campaña más efectiva fue, técnicamente, un accidente. ¿Puede repetirse un accidente así, o Tom el Lagarto fue simplemente un golpe de suerte con cara de reptil? La respuesta, por ahora, no la tiene ni el equipo más optimista de Emeryville.

Personalmente, lo de Tom me dejó pensando un rato largo. Vini de una animación que no me esperaba nada, me encontré con la mejor publicidad posible para una película: un chiste breve, repetido hasta el absurdo, que se hace solo por la insistencia y termina queriéndose. Hay algo muy humano en eso. Los grandes estudios gastan fortunas en teasers calculados al milímetro, y a veces lo que funciona es un lagarto que machaca un botón en los créditos finales de otra película. Si hay una moraleja acá, es que a veces conviene confiar en el instinto de los que laburan la animación en los huecos, no en los comités que filtran todo antes de que llegue a la pantalla. Y si no, pregúntenle a Tom, que ya tiene más tatuajes que varios rockeros de los años noventa.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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