El corazón no se trata con una sola pastilla: por qué los cardiólogos suman fármacos en lugar de simplificar
Después de un infarto, una arritmia o un diagnóstico de hipertensión, es habitual volver del consultorio con varias cajas bajo el brazo. Cada medicamento apunta a un mecanismo distinto y la combinación la define el médico según el cuadro clínico de cada paciente.
Son las nueve de la mañana y en la farmacia de la esquina de siempre hay una fila corta. María Laura, de Lanús, espera su turno con una bolsa de tela en la que carga cuatro cajas de medicamentos nuevos. Hace tres semanas le diagnosticaron hipertensión y un colesterol elevado, y todavía no termina de entender por qué el cardiólogo le pidió que tome tantas pastillas juntas si, en su cabeza, el problema era uno solo. La pregunta, me cuenta mientras el farmacéutico prepara el paquete, se la repite casi toda persona que sale de un consultorio con un diagnóstico cardiovascular.
La respuesta, según explican las guías de práctica clínica que se utilizan en la Argentina y en el resto del mundo, es que el corazón puede fallar por razones distintas y simultáneas, y un solo fármaco no alcanza para cubrir todo el mapa de riesgos que se presenta después de un evento o frente a un cuadro crónico.
Presión, colesterol, coágulos y ritmo: cada problema, su propia pastilla
La presión arterial alta es uno de los puntos de partida más frecuentes. Cuando se mantiene elevada en el tiempo, obliga al músculo cardíaco a trabajar con más esfuerzo y termina dañando tanto al corazón como a los vasos sanguíneos. Para controlarla existen varios grupos de fármacos que actúan por vías diferentes: los inhibidores de la ECA bloquean la producción de una hormona que estrecha los vasos; los ARA-II, otra familia muy utilizada, impiden que esa misma hormona ejerza su efecto; los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca atenuando la acción de la adrenalina; y los bloqueadores de los canales de calcio relajan los vasos o desaceleran el pulso según el caso.
El colesterol LDL, conocido como colesterol malo, se aborda como un problema separado. Las estatinas son los fármacos más utilizados con ese fin y, además de bajar el LDL, pueden contribuir a reducir la inflamación de los vasos. Se indican después de un infarto, un accidente cerebrovascular o la colocación de un stent, pero también en personas con factores de riesgo que todavía no atravesaron un evento. Cuando las estatinas no son suficientes o no pueden usarse, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9, una clase más reciente y de mayor costo.
Los medicamentos para evitar coágulos, en tanto, son un capítulo aparte y conviene distinguirlos bien. Los antiagregantes plaquetarios, como la aspirina o el clopidogrel, dificultan que las plaquetas se unan entre sí. La aspirina se indica a quienes ya tienen enfermedad cardiovascular diagnosticada, aunque la guía de la Cleveland Clinic advierte que no se recomienda de manera general para prevenir un primer evento sin una evaluación individual que pondere beneficios y riesgo de sangrado. Los anticoagulantes, como apixabán y rivaroxabán, actúan en otra etapa del proceso y se usan sobre todo para tratar o prevenir coágulos en piernas o pulmones. Ambas familias pueden aumentar el riesgo de hemorragias, por lo que nunca deben iniciarse ni suspenderse sin indicación médica.
Cinco familias que suelen aparecer en la receta
- Antihipertensivos: IECA, ARA-II, betabloqueantes y bloqueadores cálcicos, para reducir la presión y el trabajo del corazón.
- Estatinas y asociados: bajan el colesterol LDL y, en algunos casos, la inflamación vascular.
- Antiagregantes plaquetarios: aspirina o clopidogrel, para impedir que las plaquetas formen trombos.
- Anticoagulantes: apixabán, rivaroxabán y otros, indicados para coágulos en piernas, pulmones o corazón.
- Antiarrítmicos: regulan el ritmo cardíaco cuando hay latidos irregulares sostenidos.
Para quienes tienen arritmias existe además una familia específica de fármacos antiarrítmicos, diseñada para regular el ritmo cuando los latidos se vuelven persistentes o peligrosos. Y en los cuadros de insuficiencia cardíaca se suman, con frecuencia, diuréticos para eliminar el exceso de líquido que se acumula en piernas, pulmones y abdomen, lo que alivia la falta de aire y la hinchazón.
Antes de volver con María Laura, que ya guarda las cajas en su bolsa de tela, vale una aclaración que los especialistas repiten en cada consulta: la combinación y las dosis las define el profesional según el cuadro clínico, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona. Lo que funciona para un paciente puede ser innecesario o riesgoso para otro, y cualquier cambio en la medicación debe pasar antes por el consultorio. María Laura asiente desde la puerta de la farmacia, con el sol de la mañana dándole de lleno en la cara, y dice medio en chiste, medio en serio: ahora entiende que cada cajita tiene una razón de ser, y que tomarse todas no es exceso, sino cuidarse de verdad.
