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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El adiós a Rubén Rada: la palabra de su hija y el anuncio de una decena de discos inéditos que verán la luz

Lucila Rada describió en un extenso mensaje los últimos instantes junto a su padre en Montevideo, el velatorio en el Palacio Legislativo y un cortejo que volvió a las calles montevideanas con candombe y redoblantes. Además, confirmó que el músico dejó más de diez discos sin publicar que la familia piensa difundir de forma gradual.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 42 d
El adiós a Rubén Rada: la palabra de su hija y el anuncio de una decena de discos inéditos que verán la luz

Imaginate por un instante el sonido de un teléfono que empieza a vibrar sin pausa en una sala donde recién se acaba de vivir el momento más duro de una despedida. Esa es, más o menos, la imagen que dejó en mi cabeza el relato de Lucila Rada, la hija mayor de Rubén Rada, al reconstruir cómo se vivieron las horas posteriores a la muerte del músico, ocurrida el miércoles 26 de agosto en Montevideo. Era la primera vez que la familia se sentaba a escribir en público sobre esos días, y el texto tiene la textura de un largo y sentido mano a mano con quien quiera leerlo.

El instante 0 y el abrazo inesperado del público

Lucila contó que el desenlace ocurrió cuando estaban todos reunidos alrededor de él, en lo que ella llamó, con una fórmula que impresiona, el instante 0 de una serie de jornadas que luego se transformarían en algo muy distinto a lo que la familia tenía previsto. Antes de ese momento, describió haberle dicho todo lo que necesitaban decirle, haberle repasado lo que había dejado en cada uno de ellos y haberlo visto partir con lo que definió como una expresión pacífica y satisfecha, como si el hombre hubiera bajado por última vez el telón de su propia obra con la conciencia de haber cumplido hasta el último gesto pendiente.

“Ni un solo gesto de amor, generosidad, humor o talento le quedó pendiente.”Lucila Rada

Cuando salieron de la sala, los teléfonos ya estaban desbordados de mensajes, y eso, según contó la hija mayor, fue lo que modificó por completo la experiencia del duelo: nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado. La respuesta del público uruguayo y de muchísima gente que siguió la noticia desde otros puntos del mapa terminó estirando aquel instante íntimo hacia lo que ella bautizó como el km 0 de un camino colectivo, una manera muy gráfica de decir que la despedida dejó de ser algo familiar y se volvió un fenómeno que excedió largamente a los Rada.

Velatorio en el Palacio Legislativo y un cortejo con candombe por Isla de Flores

El velatorio se realizó en el Palacio Legislativo, un escenario poco habitual para un músico popular y que habla a las claras de la dimensión que tuvo la pérdida. La familia recibió allí a gente de las más variadas generaciones y sectores, y Lucila hizo especial hincapié en los rostros que desfilaron por el salón, marcados, según sus palabras, por una tristeza sin amargura. Hubo abrazos largos, ofrendas, llanto compartido y también risas, algo que a cualquiera que haya visto a Rubén Rada sobre un escenario le sonará absolutamente lógico. La música del propio Rada sonó en el salón y hasta hubo momentos de baile, como si el homenaje hubiera tomado la forma de una fiesta a la que se invita a despedir al dueño de casa. La familia agradeció expresamente a las autoridades del Palacio Legislativo por haber comprendido la magnitud del homenaje y haber cedido el espacio.

Después, el cortejo tomó las calles y recorrió Isla de Flores hasta llegar al Cementerio del Norte. Lo que pasó en ese trayecto merece ser pensado un instante, porque es de esas escenas que quedan en la memoria colectiva de una ciudad: una multitud acompañando los restos de un músico con candombe, con música, con gestos que la familia asoció directamente con la forma en que el propio Rada había dicho que quería ser recordado, y que conecta de manera bastante directa con el espíritu de su disco Muriendo de plena, una obra en la que el uruguayo ya había pensado en voz alta sobre el final y sobre cómo transitarlo. Lucila se detuvo especialmente en tres imágenes potentes: dos jóvenes que siguieron la caravana en monopatín, con un parlante que iba dejando sonar temas del Rada; un grupo de personas que concurrieron vestidas con prendas rojas, el color que el músico llevó como una especie de firma personal; y un círculo de tambores que sonó de manera sostenida a lo largo del recorrido, como si el barrio entero se hubiera puesto a despedirlo en su propio idioma.

Una despedida a la altura de un artista enorme

Si me permitís una opinión personal a esta altura de la nota, me parece que lo más poderoso del relato de Lucila no es la enumeración de hechos, que también, sino la manera en que fue encadenando los momentos: el instante 0 intimo, el km 0 colectivo, el Palacio Legislativo como escenario institucional, las calles tomadas por candombe y, finalmente, la promesa de una decena de discos que aún no escuchamos. Hay algo muy humano en esa secuencia, como si la familia hubiera decidido contar la despedida paso por paso para que nadie se perdiera nada y, sobre todo, para que quedara claro que Rubén Rada se fue tal como había vivido, arropado por los suyos y por un pueblo que lo quiso de verdad. Los que peinamos canas y crecimos escuchando Muriendo de plena oyendo esos discos desde el primer día, hoy tenemos, además, la expectativa concreta de volver a sentarnos frente al equipo de música a esperar lo que viene, que ya se sabe, es mucho y muy bueno.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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