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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El acoso escolar ya no termina en la puerta del colegio: pediatras argentinos advierten que las pantallas hacen que el bullying no tenga horario

Un documento reciente de la Sociedad Argentina de Pediatría detalla cómo el acoso en las aulas se extiende por WhatsApp, redes sociales y videojuegos, y deja a chicas y chicos sin un momento de respiro. Especialistas llaman a familias, escuelas y equipos de salud a actuar en conjunto.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 41 d
El acoso escolar ya no termina en la puerta del colegio: pediatras argentinos advierten que las pantallas hacen que el bullying no tenga horario

Es un jueves cualquiera y el sol cae a plomo sobre los patios escolares de Buenos Aires. Mientras los recreos bullen de risas y corridas, hay una escena menos visible que se repite en las aulas: chicas y chicos que sufren algún tipo de acoso en la escuela y que, cuando se guardan el celular en el bolsillo para volver a casa, se llevan también el problema adentro. Esa continuidad entre el patio y la pantalla, sin solución de continuidad, es lo que encendió la alarma de la Sociedad Argentina de Pediatría, que acaba de difundir un documento en el que describe cómo el bullying y el ciberbullying se volvieron, en la práctica, inseparables.

La advertencia llega en un momento en el que el celular dejó de ser un accesorio para transformarse en una prolongación del aula. Por eso, la entidad subraya que el acoso que comienza en un recreo puede seguir esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver con el chico al aula a la mañana siguiente, sin que haya forma real de desconectarse.

Las múltiples caras del acoso digital

“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
  • Mensajes de odio y burlas enviadas por WhatsApp o redes sociales.
  • Acoso sostenido en el tiempo, con acecho y hostigamiento fuera del horario escolar.
  • Votaciones para humillar a un compañero y perfiles falsos que difunden intimidades.
  • Suplantación de identidad y difusión no consentida de información privada.
  • Exclusión de grupos digitales como mecanismo de castigo colectivo.
  • Edición y difusión de fotos, videos o memes alterados con herramientas de inteligencia artificial, con un potencial de viralización muy superior al del aula.

El documento, elaborado por ocho comités y subcomisiones de la SAP, aclara algo que suele prestarse a confusión: no toda pelea entre compañeros es bullying. Para hablar de acoso escolar hacen falta tres condiciones que se repiten en casi todas las definiciones internacionales: intención clara de causar daño, repetición en el tiempo y un desequilibrio de poder que deja a quien lo sufre sin manera real de defenderse o de cortar la situación. Esa tercera pata es la que marca la diferencia, porque convierte un conflicto aislado en algo sistemático y desgastante.

Las consecuencias, advierte la entidad, no se quedan en el mundo digital. El cuadro clínico que describen los pediatras incluye dolores físicos recurrentes, alteraciones del sueño, ansiedad, tristeza persistente y, en los casos más graves, depresión. En los más chicos, el impacto suele traducirse en cambios de conducta: negativa a ir a la escuela, bajo rendimiento escolar, aislamiento progresivo y una marcada preferencia por quedarse en casa, donde al menos sienten que controlan un poco más el entorno.

El llamado a familias, escuelas y equipos de salud

“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Especialistas de la Sociedad Argentina de Pediatría

Desde la SAP insisten en que la respuesta debe ser articulada. Las familias tienen que estar atentas a señales como el apagado repentino de la pantalla cuando alguien se acerca, la aparición de comentarios agresivos hacia pares o el cambio abrupto de hábitos. Las escuelas, por su parte, necesitan protocolos claros y actuación rápida, sin depender de que la víctima haga la denuncia. Y los equipos de salud, remarcan, ocupan un rol clave en la detección temprana y en el acompañamiento posterior. Lo que describo como lectora y como vecina que ve a estos chicos crecer es algo que nos atraviesa a todos: cuando un chico no puede ni siquiera refugiarse en su cuarto, la escuela sola no alcanza para empezar a torcer la historia.

TG

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