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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Después de los 30, el reloj del hueso empieza a contar: cómo cuidarlo antes de que la fractura avise lo que el cuerpo calla

Una especialista advierte que la osteoporosis suele ser silenciosa y que la primera señal llega con una caída desde la propia altura. Ejercicio con carga, calcio, vitamina D y control médico, las claves para llegar a la vejez con un esqueleto fuerte.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 24 d
Después de los 30, el reloj del hueso empieza a contar: cómo cuidarlo antes de que la fractura avise lo que el cuerpo calla

El living de cualquier casa de Buenos Aires puede convertirse en una trampa. Basta tropezar con la alfombra del comedor, resbalar en el baño al salir de la ducha o apoyar mal el pie al bajar del colectivo para que una cadera se quiebre sin aviso. Esa fractura, muchas veces, no aparece porque sí: el cuerpo viene avisando en silencio desde mucho antes, y el hueso, cansado de pedir, termina cediendo. Así lo explica Elaine Dennison, una especialista en salud ósea que conoce de memoria el camino que recorre un paciente desde la primera consulta hasta el diagnóstico, y que insiste en una idea tan simple como difícil de instalar: cuidar los huesos no es un asunto de viejos, es una tarea que empieza mucho antes, cuando todavía nadie piensa en huesos frágiles ni en menopausia ni en andadores.

Lo dice con la serenidad de quien repite un mensaje que le parece urgente y que, sin embargo, sigue sin entrar en la conversación cotidiana. La masa ósea, cuenta Dennison, alcanza su punto más alto cerca de los treinta años. A partir de ahí, el tejido sigue renovándose, como una obra que nunca se detiene, pero lentamente empieza a perder densidad: la degradación le gana a la formación y la balanza se inclina para el lado equivocado. En las mujeres, la caída de estrógenos que trae la menopausia puede acelerar ese proceso y dejarlo al descubierto en una radiografía, o peor, en una camilla de guardia después de una caída tonta, de las que uno ni siquiera imagina que vayan a terminar en quirófano.

La fractura como señal, no como accidente

Una fractura después de una caída desde la propia altura es, para Dennison, una bandera roja que hay que mirar de frente. La osteoporosis suele pasar inadvertida hasta que aparece la lesión, y cuando el hueso se rompe es porque ya viene debilitado. Por eso los antecedentes importan, y mucho: si en la familia hubo fracturas de cadera, muñeca o columna, si alguien usó corticoides durante tiempo prolongado, si la persona fuma o si arrastra enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes, el riesgo deja de ser una posibilidad remota y pasa a ser una pregunta que conviene hacerse en el consultorio, aunque no duela nada.

  • Antecedentes familiares de fracturas de cadera, muñeca o columna.
  • Uso prolongado de corticoides.
  • Tabaquismo.
  • Enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes, como celiaquía o algunas patologías intestinales.
  • Menopausia, por la caída de estrógenos que acelera la pérdida de masa ósea.
  • Consumo de ciertos medicamentos que afectan el metabolismo del hueso.

Para orientar las decisiones, Dennison menciona herramientas concretas: la densitometría DEXA, que mide la densidad mineral del hueso, y escalas como FRAX, que permiten calcular el riesgo de fractura a diez años. Son estudios que el médico de cabecera puede pedir y que no requieren grandes preparaciones, apenas una orden y la decisión de hacerse cargo del tema antes de que sea tarde.

Ejercicio con carga: el hueso también se entrena

El cuidado cotidiano, dice Dennison, combina tres patas: alimentación, actividad física y prevención de caídas. Pero si hay algo que el hueso necesita como el pan nuestro de cada día es el estímulo mecánico, es decir, que se le exija sostener peso y resistir impacto. Por eso recomienda ejercicios de fuerza, subir y bajar de una plataforma, correr, saltar. Los músculos, al tirar del hueso durante el movimiento, le transmiten tensión y lo obligan a adaptarse, a reforzarse. Es la misma lógica del cuerpo que se entrena: lo que no se usa, se atrofia, y el esqueleto no es la excepción.

Ahora bien, la especialista aclara que quienes ya tienen baja densidad ósea en la columna o arrastran problemas de espalda no deberían lanzarse a levantar pesas por su cuenta. En esos casos, la orientación profesional no es un lujo: es una manera de evitar que el remedio termine siendo peor que la enfermedad. La natación, por ejemplo, aporta beneficios musculares y cardiovasculares muy valiosos, pero el agua sostiene el cuerpo y reduce la carga sobre el esqueleto, de modo que no produce el mismo estímulo que las actividades con apoyo e impacto. Nada reemplaza, en este punto, el movimiento contra la gravedad.

La mesa también construye huesos

En la mesa, el calcio y las proteínas son los aliados de siempre. Leche, yogur, queso, alimentos fortificados y algunos vegetales de hoja verde aportan el mineral que el hueso necesita para mantenerse firme. La vitamina D, que se obtiene principalmente con sol moderado en la piel y también a través de algunos alimentos, cumple un papel central porque interviene en la absorción del calcio y en la mineralización del tejido. Dennison suma a la lista las vitaminas K y C y el magnesio, siempre dentro de una alimentación equilibrada, con frutas y verduras presentes en el plato, sin buscar atajos mágicos ni suplementos milagrosos que después se compran por impulso en la farmacia y se acumulan en la alacena.

Vuelvo al living del principio, a la alfombra del comedor, al baño con el piso mojado, a la vereda rota que tantas veces cruzamos sin mirar. Cuidar los huesos, después de los treinta, es aceptar que el cuerpo empieza a guardar cuentas y que esas cuentas se pagan con calcio, con movimiento, con sol, con controles a tiempo. Dennison lo repite con paciencia, como quien le habla a un amigo: la osteoporosis es silenciosa, sí, pero justamente por eso conviene escucharla antes de que se haga oír con una fractura. Porque cuando el hueso habla de esa manera, ya es tarde para arrepentirse de lo que no se hizo.

TG

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