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Viernes, 16 de octubre de 2026
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De seis a siete en casa: la mujer que adoptó a seis hermanos, se embarazó en el medio y hoy cuenta cómo armó una familia de nueve

María Laura, maestra de Villa Adelina, les llevaba el aula a dos de los chicos en un hogar y terminó postulándose para adoptarlos a todos. Pasaron años de idas y vueltas, una separación amorosa, el momento en que los propios chicos le dijeron «te elegimos para ser nuestra mamá» y un embarazo que llegó como broche inesperado. La historia, contada por ella.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 5 h
De seis a siete en casa: la mujer que adoptó a seis hermanos, se embarazó en el medio y hoy cuenta cómo armó una familia de nueve

Son las cinco de la tarde en Villa Adelina y la luz del sol entra de costado por la ventana del living, esa misma ventana donde antes no entraba nada porque acá no había nadie. Hoy hay nueve. María Laura abre la puerta con Nahitan colgado de una cadera y una mamadera en la otra mano, y mientras acomoda al bebé me cuenta, casi sin respirar, que hace poco más de un año esta casa era otra cosa: un departamento chico, ella sola con su pareja y la fantasía —medio escondida, medio confesada— de tener una familia grande. La fantasía, dice, se le fue de las manos para mejor.

Cómo arrancó todo, entre un grado y un hogar

María Laura es maestra y así fue como los conoció: dos de los seis hermanos eran sus alumnos. Los otros cuatro vivían en el mismo hogar de chicos donde ella iba a colaborar como voluntaria. Hacía cinco años que estaban institucionalizados y entre ellos se habían armado una especie de república propia, con reglas, cariños y una hermana mayor —Daiana, la más grande— que ejercía de segunda mamá sin que nadie se lo pidiera. «Yo iba a dar clases y me quedaba. Iba a visitarlos y me quedaba más. Me iba sintiendo parte», me dice, y se le nota en la voz que todavía se asombra un poco de cómo se fue armando.

La posibilidad de adoptarlos empezó a tomar forma de a poco, aunque al principio le parecía algo casi inalcanzable: vivía en un departamento pequeño y la idea de hacerse cargo de seis niños a la vez generaba dudas también en su pareja, que en ese momento temía no poder sostener económicamente la responsabilidad. La pareja se separó por un tiempo y ella inició los trámites sola, con la decisión tomada pero sin el escenario completo.

“Cuando me preguntaron si quería a uno, a los gemelos o a los mellizos, la respuesta fue clara: «Quiero estar con los seis».”María Laura, docente de Villa Adelina

Los chicos también tenían que elegir

El proceso de vinculación pasó por varias etapas y no fue un camino recto: los chicos tampoco querían ser adoptados de entrada, ella tampoco se sentía lista para dar el paso definitivo, y la figura que terminó funcionando para todos fue la de referente afectivo, un término técnico que en la práctica significa ir a buscar a la escuela, quedarse a dormir los fines de semana y mostrarles con hechos que la oferta era en serio. El trámite, aclara, llevó años. No meses: años.

Mientras tanto, dentro del grupo de hermanos se jugaba algo silencioso y enorme: la más grande tenía que aprender a soltarlos. «La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco», recuerda María Laura, y al contar esto se le nota en la cara que sabe que esa cesión fue, probablemente, el momento más difícil de todo el proceso, más que cualquier papel firmado.

El recreo en que se decidió todo

El punto de inflexión llegó en un recreo escolar, sin aviso y sin gente importante alrededor, como suelen pasar las cosas que cambian la vida. Algunos de los chicos se acercaron y le dijeron, con esa mezcla de solemnidad y vergüenza que tienen los adolescentes cuando dicen algo importante: «Te elegimos para ser nuestra mamá». Desde ese día, cuenta María Laura, los trámites se reorientaron hacia la convivencia y nadie volvió a mirar para atrás.

  • Daniel y Milo (13), los gemelos, y Maiara y Lionel (16), los mellizos, asisten hoy a una escuela técnica.
  • Zaira (18) cursa el último año del secundario.
  • Daiana (20), la mayor, estudia Abogacía.
  • Nahitan, de poco más de un año, es el bebé que llegó después de la adopción: uno de los gemelos le besó la panza antes de que ella supiera que estaba embarazada, dijo «hola, bebé», y así se enteró de que esperaba un hijo.

El embarazo fue, dice, una sorpresa en el mejor sentido: ella ya estaba en plena etapa de convivencia con los seis chicos cuando descubrió que esperaba un séptimo hijo, biológico. La pareja también retomó el vínculo después de la separación temporaria y hoy ocupa el rol de padre en la familia. Los hermanos mayores, cuenta María Laura entre risas, cuidan a Nahitan con un entusiasmo que a veces la deja sin aire: «Lo cambian, lo levantan, lo miman. A veces tengo que pelear para que me lo devuelvan».

“Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida.”María Laura, mamá de siete

Antes de irme, María Laura me muestra un cartel pintado a mano que colgaron los chicos en la cocina: dice algo así como «familia numerosa» con corazones mal hechos y las firmas de los siete. Afuera, el sol de Villa Adelina empieza a bajar y Nahitan se queda dormido en su brazos, como si la entendiera. Le pregunto qué le dice a la gente que cree que siete hijos es una locura, y María Laura se queda un segundo callada, con esa pausa que hacen las madres cuando la respuesta es demasiado obvia: «Que vengan a conocerlos. Después me cuentan».

TG

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