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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo pide pausa y la cabeza no frena: cinco llaves para volver a organizarse

Una coach especializada en gestión del estrés y organismos internacionales coinciden en que el cansancio que bloquea no se resuelve con más voluntad, sino con paradas pequeñas, metas concretas y una revisión honesta de la propia relación con la exigencia. Cinco prácticas para empezar esta misma semana.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 32 d
Cuando el cuerpo pide pausa y la cabeza no frena: cinco llaves para volver a organizarse

Son las siete de la tarde en una oficina del centro de Buenos Aires y el sol todavía pega contra los ventanales. La pantalla de la computadora parpadea con un excel a medio llenar y en la cabeza de María, vecina de Belgrano, se mezclan tres pendientes del trabajo, un turno médico que tiene que recordar y la cena que nunca alcanzó a empezar. Tiene la certeza de que algo no anda, pero no puede precisar qué: el cansancio es tan denso que cualquier organización de la jornada se vuelve una nueva fuente de presión. Le pasa, dice ella con la voz cansada, desde que arrancó el año. "Me siento corriendo todo el día y al final no sé qué hice", confiesa mientras mira por la ventana un cielo todavía claro.

Esa sensación de avanzar sin avanzar es más común de lo que parece y rara vez se arregla con una reorganización drástica de la rutina. La coach especializada en gestión del estrés Marta Cereceda, a quien consultamos para esta nota, lo dice sin rodeos: cuando el cansancio no da tregua, el problema no siempre es la cantidad de trabajo sino la ausencia de paradas que devuelvan perspectiva. "Antes de armar una nueva agenda, hay que detenerse un momento a observar cómo uno está", explica la especialista, y en esa frase tan sencilla está el punto de partida de las cinco prácticas que recomienda y que recorremos en esta nota.

Mirarse antes de planificar

El primer hábito es, justamente, destinar unos minutos al inicio o al cierre del día a observar el propio estado. No se trata de repasar pendientes en una lista nueva sino de responder tres preguntas simples: cómo me encuentro hoy, qué necesito en este momento y qué tareas siguen teniendo sentido para mí. Es una pausa introspectiva breve, casi un minuto, que devuelve perspectiva cuando el trabajo se empieza a hacer por pura inercia. Cereceda insiste en que esa micro-parada funciona como un reset: corta el piloto automático y permite distinguir entre lo urgente y lo que genuinamente importa, algo que, cuando el cansancio aprieta, se vuelve casi imposible sin un corte explícito.

  • Respirar o cambiar de espacio antes de retomar la pantalla cuando aparece el bloqueo, una práctica breve que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomienda ajustar en tiempo y frecuencia según la carga de cada actividad.
  • Identificar qué hay detrás del impulso de seguir: miedo a no llegar, a perder el control o a decepcionar, un paso que Cereceda considera clave porque desplaza la mirada desde la organización hacia la relación personal con la exigencia.
  • Reemplazar objetivos vagos como "desconectar más" por acciones observables, por ejemplo caminar dos tardes por semana, reservar una noche sin trabajo o dedicar una comida completa a estar presente, y después evaluar qué efecto concreto tuvo esa decisión.
  • Entender que parar no depende solo de la voluntad individual: la OIT sugiere que las organizaciones consulten a sus equipos sobre la distribución del tiempo y la carga laboral, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la prevención de los problemas de salud mental vinculados al trabajo requiere tanto medidas personales como cambios en las condiciones laborales.

Vuelvo a María, en su oficina de Belgrano, ya con la luz de la tarde empezando a apagarse. Antes de cerrar la computadora, hace algo que casi nunca se permite: cierra los ojos un momento, respira hondo y se pregunta en voz baja qué necesita hoy. No es una gran revolución ni un plan de bienestar importado de ningún manual. Es apenas una pausa consciente, el tipo de gesto mínimo que, según coinciden Cereceda, la OIT y la OMS, suele marcar la diferencia entre seguir acumulando cansancio y empezar, de a poco, a recuperar el ritmo.

TG

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