Calentar la comida en un vidrio o en una cerámica: el consejo de los toxicólogos para alejar el plástico del plato
Dos especialistas de Estados Unidos explicaron que el calor del microondas puede liberar micro y nanoplásticos desde los envases hacia los alimentos. Advierten que la leyenda "apto para microondas" no garantiza que eso no ocurra.
A las doce y media, con el sol entrando de lleno por la ventana de la cocina, Mariana se para frente al microondas con la porción de arroz de la noche anterior y, antes de pulsar el botón, hace un gesto que hasta hace unos meses le parecía exagerado: saca el contenido del recipiente plástico y lo pasa a un bowl de vidrio templado. No es una moda ni un capricho de redes sociales. Detrás de ese pequeño hábito hay una advertencia concreta de toxicólogos estadounidenses, que vienen recomendando reemplazar el plástico por vidrio o cerámica cada vez que se recalienta comida, porque el calor puede desprender partículas que terminan en lo que después comemos.
Qué dicen los especialistas consultados
El primero en salir a hablar fue Wells Brambl, médico de emergencias del Centro Médico Judío de Long Island de Northwell Health, en una entrevista que recogió el portal especializado Eat This. Para Brambl, que vive en el barrio de New Hyde Park, el cambio de recipiente es la medida doméstica más directa para reducir la exposición a esos fragmentos que pueden liberarse del plástico cuando se lo somete a calor.
“La aprobación para uso en microondas no elimina la posibilidad de que se desprendan microplásticos. Es importante distinguir entre el rendimiento del envase y lo que sabemos sobre la seguridad de ingerir esas partículas con el tiempo.”Wells Brambl, toxicólogo de Northwell Health
Brambl además aclara que, cuando no queda otra opción y hay que usar un recipiente plástico, conviene bajar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar la comida. La idea es exponer al plástico al menor calor posible, porque es justamente el calor el que interviene en la liberación de fragmentos del material y de las sustancias que se le agregaron durante la fabricación.
Por qué el calor mueve las moléculas del plástico
Del otro lado del mostrador, en Texas, la toxicóloga médica Serah Oyewole, del Hospital Houston Methodist, explica el mecanismo con una imagen sencilla: cuando sube la temperatura, las moléculas del plástico vibran y la estructura de polímeros puede fracturarse. Esa fractura abre la puerta a que se desprendan fragmentos y aditivos —entre ellos colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas— que migran hacia la comida.
Lo que se sabe y lo que todavía no
- La literatura científica ya registró la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el organismo humano.
- Algunos estudios asocian esas partículas con procesos inflamatorios, pero una correlación no prueba que sean la causa.
- Los efectos a largo plazo de la exposición siguen bajo investigación.
- La leyenda "apto para microondas" no garantiza que no haya liberación de partículas.
- El plástico de almacenamiento no fue evaluado pensando en la ingesta sostenida de esos fragmentos.
Qué cambia en la cocina y qué no
Brambl aprovecha para extender la recomendación más allá del microondas. Propone revisar de a poco los utensilios, las tapas y hasta las esponjas de plástico, y reemplazarlos cuando se pueda. También sugiere preferir productos con menos envolturas plásticas cuando se los encuentra en la góndola. Ahora bien, el propio especialista reconoce que la decisión individual tiene un tope: la contaminación ambiental puede poner a los alimentos en contacto con microplásticos incluso antes de que entren a la planta de procesamiento o de que alguien los envase. Cambiar el recipiente en la cocina, entonces, no borra el problema de un plumazo, pero reduce una parte de la exposición que sí está al alcance de la mano.
En la cocina de Mariana, mientras tanto, el vidrio ya se enfría sobre la mesa con el arroz recién calentado. Es un gesto chico, de apenas unos segundos, pero los toxicólogos insisten en que repetirlo a diario es de esas decisiones que, sin resolver el problema de fondo, bajan un escalón la exposición cotidiana a un material del que todavía no se termina de conocer el costo. La ciencia, dicen, sigue trabajando; la cocina, mientras tanto, puede ir adelantando.
