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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cafeína en la mochila: por qué los especialistas piden mirar qué llevan los chicos cuando llegan cansados al colegio

Las dificultades para dormir, los temblores y el nerviosismo pueden ser señales para revisar el consumo de cafeína entre adolescentes, según investigadoras de Yale que recomiendan evitar las bebidas energéticas, conversar sobre las cantidades ingeridas y prestar atención a los horarios de descanso y de uso de pantallas

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 24 d
Cafeína en la mochila: por qué los especialistas piden mirar qué llevan los chicos cuando llegan cansados al colegio

Son casi las ocho de la mañana en una escuela del conurbano bonaerense y la fila de la cantina empieza a formarse antes de que suene el timbre: varios chicos de cuarto y quinto año piden un café cortado bien cargado o, peor todavía, una lata de bebida energética para despabilarse después del viaje en colectivo. La escena, que hasta hace unos años parecía propia de universitarios, se repite cada vez más en los pasillos secundarios y preocupa a los especialistas en sueño y adolescencia, que empezaron a prestar atención a un detalle que suele pasar desapercibido en las reuniones de padres.

Cuando un adolescente tiene dificultades para conciliar el sueño, se muestra nervioso, le tiemblan las manos o empieza a rendir menos en la escuela, conviene revisar cuánta cafeína consume a lo largo del día. Lo dijo en diálogo con este portal la neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de la Universidad de Yale, que también advirtió que un exceso sostenido puede provocarles palpitaciones, molestias digestivas, una inquietud permanente y hasta cuadros de ansiedad que se confunden con los clásicos malestares de la edad.

No todo es café: la cafeína se esconde también en chicles y sobrecitos

Para reconocer cuánto se ingiere no alcanza con contar las tazas de café o de mate cocido. La cafeína aparece también en bebidas energéticas, en algunas gaseosas, en el chocolate, en chicles y, sobre todo, en esos sobrecitos saborizados que los chicos compran en los kioscos como si fueran golosinas. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor del compuesto y pueden hacer que los jóvenes los prueben sin dimensionar que cada unidad puede aportar entre 50 y 200 miligramos de cafeína.

“Si el chico ya está cansado y toma un estimulante para compensar, el alivio momentáneo lo termina durmiendo todavía peor y al día siguiente vuelve a sentirse agotado, se perpetúa el ciclo”Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale

El horario en el que se consume también importa, y mucho. Según Agrawal, la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ingerirla, pero entre cinco y seis horas más tarde todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de la cantidad que se tomó. Por eso la especialista aconsejó evitarla después de las 13 o las 14, dependiendo del horario habitual de descanso, y prestar atención al uso de pantallas durante la noche, ya que la luz de los celulares y las tablets reduce la producción de melatonina y se suma al efecto del estimulante.

Adolescentes, reloj biológico desplazado y pantallas encendidas

A todo eso se suma un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y se vuelve más difícil levantarse temprano. Cuando el cansancio llega a la mañana y el chico sale corriendo con un café o una lata en la mano para llegar al colegio, el alivio es transitorio y el descanso de la noche siguiente se vuelve a postergar, con lo que el agotamiento se retroalimenta. Por eso Jennifer Jiyun Park recomendó directamente evitar la cafeína antes de los dieciocho años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes, y agregó que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades sensiblemente menores que las que tolera un adulto.

Fuera de la escuela, en los hogares de Lanús y de Morón donde las madres y los padres reciben a sus hijos de vuelta con cara de dormidos, la conversación pendiente empieza a ser esa: revisar qué hay en la mochila, cuántos sobrecitos quedaron en el bolsillo del camperón y a qué hora fue el último café o la última lata. Hablar de cantidades, de horarios y de pantallas no reemplaza al médico pero, como coinciden las especialistas de Yale, suele ser el primer paso para cortar el círculo del cansancio que se alimenta a sí mismo.

TG

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