Asma con curvas: por qué la enfermedad cambia de cara cuando aparecen las hormonas
Después de la pubertad, las mujeres cargan con más episodios graves, más guardias y más internaciones que los varones. Estrógenos y progesterona llevan la delantera, pero no actúan solos: pesan la genética, el peso corporal y el aire que se respira.
El sol de las nueve de la mañana entra sesgado por la ventana del consultorio de Neumología del Hospital Alvarez, en el barrio de Flores, y María Eugenia Rinaldi, de 47 años, acomoda la mochila con el inhalador mientras espera su turno. Lleva tres internacionales en lo que va del año y una lista larga de noches en las que el silbido del pecho no la dejó dormir. Como ella, miles de mujeres argentinas descubren en la adultez que el asma que arrastraban desde chicas se transformó en otra cosa: más rebelde, más inesperada, más difícil de domeñar con el puff de siempre.
La escena no es casual. Hasta la pubertad, el asma golpea con más fuerza a los varones, pero a partir de la primera menstruación la tendencia se da vuelta y son ellas las que encabezan las estadísticas de prevalencia, de consultas en guardia y de internacionales. Un análisis publicado este año en BMC Pulmonary Medicine, que tomó como base los datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que 260 millones de personas conviven con asma en el mundo y que, en la franja adulta, la carga recae de manera desproporcionada sobre las mujeres.
Hormonas en el centro de la tormenta
La pregunta que los neumonólogos escuchan una y otra vez es por qué. La respuesta no cabe en una sola explicación, pero las hormonas femeninas llevan la delantera. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, revisó células inmunitarias de pacientes con asma grave y observó que el estradiol y la progesterona pueden empujar al alza la producción de IL-17A, una proteína que actúa como combustible de la inflamación bronquial. En paralelo, el equipo registró mayor actividad de unas células llamadas TH17 en mujeres con asma grave comparadas con varones con el mismo diagnóstico.
Los propios autores aclaran que el hallazgo no prueba una causalidad directa ni puede extrapolarses a todos los casos, porque la muestra fue chica y parte de los experimentos se hicieron en modelos animales. Patricia Silveyra, investigadora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, completó la foto al recordar que no se trata de genes diferentes entre mujeres y varones, sino de un mismo gen que se expresa de manera distinta según el sexo, en diálogo con las hormonas y con el entorno.
“No es que haya genes de mujer y genes de varón; es un mismo gen que se lee distinto cuando entran en juego los estrógenos y el ambiente.”Patricia Silveyra, Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana
Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: tres pruebas de fuego
Esa interacción se hace carne en el consultorio. Muchas pacientes, como María Eugenia, cuentan que notan cambios en la falta de aire y en la tos en los días previos o durante la menstruación. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta un 40 por ciento de las pacientes podría percibir variaciones ligadas al ciclo, aunque los trabajos disponibles no permiten fijar un número cerrado. La hipótesis más firme apunta a la montaña rusa de estrógeno y progesterona previa al sangrado, que parece volver a las vías aéreas más reactivas y más inflamadas.
El embarazo agrega otra capa de incertidumbre. La mirada clásica de los manuales describe que alrededor de un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se mantiene estable y el resto mejora, pero la regla es tan movediza como el propio embarazo: depende del trimestre, del peso, de si el asma era leve o grave antes de la búsqueda del bebé y de si la mujer accede o no al tratamiento adecuado.
- Genética con lectura sexo-específica: variantes comunes que se expresan distinto bajo la influencia hormonal.
- Peso corporal: el sobrepeso y la obesidad, más prevalentes en mujeres adultas, amplifican la inflamación sistémica y empeoran el control del asma.
- Exposición ambiental: humo de tabaco, contaminación del aire de Buenos Aires y alérgenos domésticos que se acumulan en viviendas húmedas.
- Acceso al tratamiento: uso irregular de inhaladores y automedicación con broncodilatadores que disfrazan los síntomas sin tratar la inflamación de base.
- Etapas hormonales críticas: pubertad, ciclo menstrual, embarazo y menopausia como momentos de mayor vulnerabilidad.
María Eugenia vuelve a la sala de espera con la espirometría nueva en la mano y la indicación de ajustar la dosis del corticoide inhalado durante la semana previa a la menstruación, un truco que su neumóloga aprendió a fuerza de consulta tras consulta. Afuera, el viento de octubre arrastra hojas secas por la calle y ella se acomoda el cuello de la campera. Antes de entrar al próximo control, le queda una certeza que resume lo que empieza a verse en los papers y en las guardias: el asma de las mujeres no es la misma enfermedad que la de los varones, y tratarla como si lo fuera condena a miles a vivir con un silbido de más en el pecho y un viaje de más a la guardia.
