Alcaraz volvió a sonreír: levantó la copa en Tokio y se calzó el traje de Ferrer
El murciano venció a Lehecka por 7-6 y 6-4, recuperó el trofeo que ya había ganado en 2025 y alcanzó los 27 títulos ATP. La próxima parada será Shanghái.
Lo veo y no lo creo. Carlitos Alcaraz, el pibe de El Palmar, otra vez con la copa en alto. Esta vez fue en el Ariake Coliseum de Tokio, donde le ganó la final al checo Jiri Lehecka por 7-6 (4) y 6-4, en una hora y 36 minutos de juego que a mí, espectador de sofá mediante, se me pasó volando.
Fue un partido de esos que a un periodista deportivo le dan ganas de prender el micrófono y gritarlo a los cuatro vientos. El murciano tuvo que remar las dos veces: en el primer set se vio abajo después de un quiebre del checo, lo recuperó y definió en el tie-break con cinco puntos al hilo. En el segundo, aguantó con su saque hasta encontrar la rotura que le permitió cerrar por 6-4, sin necesidad de sufrir un tercero.
Un título con sabor a regreso
Lo más lindo de esta consagración no es el trofeo en sí, es el contexto. Carlitos venía de cinco meses afuera del circuito por una lesión en la muñeca que lo frenó en abril. Antes de esa pausa había levantado el Abierto de Australia y el ATP de Doha. Después, silencio. Volvió en el US Open a fines de agosto y recién ahora, en Tokio, volvió a ganar. Eso tiene un valor enorme para cualquier jugador de 23 años.
Con esta consagración, Alcaraz llegó a los 27 títulos ATP y se subió al mismo escalón que David Ferrer, uno de los grandes warriors del tenis español. Más arriba todavía quedan Manuel Orantes, con 34, y el de siempre, Rafael Nadal, con 92. Números que asustan, pero que a esta altura ya nadie descarta que Carlitos pueda ir a buscar.
- Tercer título de la temporada 2026, después del Abierto de Australia y Doha.
- Décima corona ATP 500 de su carrera, récord para un tenista español.
- Defendió el título que ya había ganado en Tokio en 2025.
- Primera consagración desde su regreso tras la lesión en la muñeca.
- Próximo destino: el Masters 1000 de Shanghái, en plena gira asiática.
Lo que viene: Shanghái y la mente en el cierre del año
Ahora la mira pasa a Shanghái, otro Masters 1000 donde Carlitos suele mostrarse enchufado. Y yo me quedo con la imagen del cierre: verlo festejar con la bandera española al hombro, después de meses de recuperación, me confirma algo que vengo diciendo hace rato. Este chico no se baja nunca. Si la muñeca lo dejó cinco meses parado, imaginen lo que puede hacer cuando el físico le responde como antes.
Mientras tanto, en Buenos Aires seguimos prendidos al streaming, con el mate de turno y la ilusión intacta. Alcaraz volvió, ganó en Tokio y ya apunta a China. El circuito, otra vez, tiene dueño.
