A un cuarto de siglo del 11-S, Netflix pone la cámara sobre los hijos que crecieron sin sus padres
El documental "Turning Point: Generation 9/11" recorre los testimonios de quienes eran bebés o niños cuando las Torres Gemelas se derrumbaron, junto a jóvenes afganos y marines que cargan con la herencia de la guerra posterior.
Hay una imagen que se repite en mi cabeza cada vez que alguien menciona el 11 de septiembre: la pantalla del televisor encendida en la cocina de mi casa, el polvo blanco tapando el cielo de Manhattan y la voz de un cronista que no terminaba de entender lo que estaba diciendo. Veinticinco años después, esa mañana sigue siendo una herida abierta para millones de personas, y Netflix acaba de estrenar un documental que se anima a mirar esa herida desde un ángulo poco habitual: no el de los bomberos ni el de los políticos, sino el de los hijos de quienes se fueron aquel día.
Se trata de "Turning Point: Generation 9/11", una producción de 1 hora y 39 minutos dirigida por Brian Knappenberger que forma parte de una serie documental ya disponible en la plataforma. El director viene pisando fuerte con esta franquicia: antes firmó "Turning Point: 9/11 and the War on Terror", "Turning Point: The Bomb and the Cold War" (2024) y "Turning Point: The Vietnam War" (2025), esta última nominada al Emmy. Se nota que Knappenberger ya tiene un oficio a la hora de revisitar tragedias colectivas.
Los chicos que no recuerdan y cargan igual
El documental pone el foco en quienes eran bebés o niños muy pequeños el 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones derribaron las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, un tercero impactó contra el Pentágono en Virginia y un cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros lograran contener a los secuestradores. Los ataques, coordinados por Al-Qaeda, mataron a miles de personas y dejaron familias partidas desde ese mismo día. Las víctimas trabajaban en distintos lugares: algunos en las torres, otros en el Pentágono, otros a bordo del Vuelo 93, y la producción reconstruye, a través de los testimonios de sus hijos, cómo ese martes definió sus trayectorias personales.
“No solo lo que significó el terrorismo y lo aterrador que resultó, sino también cómo las decisiones tomadas en los días, semanas y años posteriores nos transformaron como país. Es increíblemente profundo comprender lo que vivieron los hijos de quienes perdieron a sus padres y seres queridos el 11 de septiembre. Pero es aún más profundo pensar en cómo cambiaron sus vidas y cómo esos acontecimientos los marcaron a lo largo de la evolución que también experimentó nuestro país.”Brian Knappenberger, director del documental
Afganos y marines, la otra herencia
La película no se queda en la costa este de Estados Unidos. También suma las voces de jóvenes afganos y de marines que participaron en la guerra que siguió a los atentados, y da cuenta de cómo la retirada de Estados Unidos de Afganistán los afectó de maneras muy distintas. De ese modo, el documental arma un mapa humano bastante completo: el dolor de los que perdieron a un padre o una madre en los ataques, y el peso que cargan los que crecieron del otro lado de la frontera, en un país que terminó pagando las consecuencias de una decisión tomada a miles de kilómetros.
- Duración: 1 hora y 39 minutos.
- Plataforma: Netflix, dentro de la serie "Turning Point".
- Dirección: Brian Knappenberger, responsable de los capítulos previos de la saga.
- Protagonistas: hijos de víctimas del World Trade Center, el Pentágono y el Vuelo 93.
- Voces adicionales: jóvenes afganos y marines que vivieron la guerra posterior.
Si me preguntan qué me llevo después de repasar este documental, me quedo con una sensación que me cuesta poner en pocas palabras. Estos chicos no eligieron cargar con la memoria del 11-S, pero la cargan, y lo hacen con una lucidez que a mí, francamente, me conmueve. Me parece que la mejor manera de honrar a las víctimas, a un cuarto de siglo de aquel día, es escuchar a quienes crecieron entre escombros invisibles. Y este documental, sin golpes bajos ni golpes de efecto, se toma el tiempo de hacerlo.
