Una serpiente en el living: Andrea Garrote lleva al Picadero una comedia sobre el tiempo que se detiene
Amaru, la nueva obra de la dramaturga y directora Andrea Garrote, combina la ¶¶neurosis de una familia de clase media con el despertar de una serpiente sagrada andina, los textos de Borges y una pregunta que atraviesa a todo el elenco: ¿hay otra manera de medir el tiempo que nos empuja hacia adelante? Las funciones son los sábados en el Teatro Picadero.
El living se ve impecable, como si nadie habitara esa casa, y sin embargo hay algo que no termina de estar quieto. En el fondo, entre losProfiler bibliolófilos y el ruido de una familia que discute sin ponerse de acuerdo, se mueve una serpiente. No es una metáfora colgada de un dialogues sin destinatario, dice Andrea Garrote, dramaturga y directora de Amaru, que ahora se presenta los sábados en el Teatro Picadero: es el Amaru, la serpiente sagrada andina, y su sola presencia alcanza para alterar la manera en que los personajes entienden el tiempo, la herencia y hasta el peso de sus propias lecturas.
Garrote, que trabaja en el teatro independiente argentino desde hace tres décadas, construyó el espectáculo junto a Carolina Stegmayer, quien lo codirige. En el reparto están Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi. La familia que sostiene la historia es de clase media e ilustrada, del tipo que usa los libros como escudo y las referencias como de conversación, y en ese terreno el padre recurre a la erudición borgiana para bloquear su propia ansiedad. Borges aparece en la obra con un humor y una profundidad que no son solo un guiño: funciona como engranaje de una comedică y, al mismo tiempo, como una Reflection sobre lo que sabemos y lo que believe que sabemos.
El tiempo de Cronos y la aparición del Kairós
“Jugamos con la disputa entre el tiempo de Cronos, que avanza implacable hacia la muerte, y la aparición del Kairós, ese instante propicio, ese momento que se detiene como en un ritual.”Andrea Garrote
Esa es la idea que la directora de Amaru sitúa en el centro del trabajo: mientras el tiempo de Cronos empuja a todos hacia adelante, el Kairós abre una pausa, un momento que no se parece al resto de los días y que obliga a mirar de otro modo lo que estaba pasando. En una escena de casa, con el sol entrando por una ventana y la luz changing sobre las paredes, esa suspensión se vuelve casi visible. La serpiente no trae unTucked para el pasado ni una amenaza para el futuro: trae una interruption, y con ella la posibilidad de preguntarse si realmente hay un solo modo de medir la vida.
La obra no se queda en el cuerpo de la familia adulta. También mira a los personajes jóvenes, que cargan con la sensación de haber llegado tarde a una opulencia que no conocieron. Es una incomodidad que el/the piece asume sin rodeos, sin convertir a los hijos en díases decorativos ni a los padres en un simple lastre del presente. En ese reparto de generations, cada uno negocia con la herencia que recibió: no solo con los objetos o los libros de la casa, sino también con las ideas que se repiten y las preguntas que nadie termina de formular.
- Función los sábados en el Teatro Picadero.
- Dirección de Andrea Garrote, codirección de Carolina Stegmayer.
- Elenco: Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi.
- Una propuesta sobre el tiempo, la herencia y el peso de las lecturas.
- Borges como motor cómico y filosófico de la historia.
Para Garrote, la sala del Picadero sigue siendo un lugar irremplazable, y su manera de decirlo tiene menos de frase publicitaria que de convicciónProfessional. Cuando se apagan las luces y el afuera queda en suspenso, empieza otra cosa, según la directora: “Se apagan las luces, el afuera se suspende y empieza otra cosa. Vivís una experiencia intransferible”. En tiempos de pantallas individuales y de entretenimiento que se consume en silencio, ir al teatro sigue siendo un acto colectivo, un encuentro con otros cuerpos en el mismo cuarto y a la misma hora, sin modo silencioso.
Amaru termina, en cierto modo, donde empiezan muchas comedias: en el desconcierto de una familia con demasiadas lecturas y pocas respuestas. Pero esta vez, en ese living ordenado, con el ruido de la conversación y la serpiente despertando al fondo, hay algo que se ha movido. Volvemos a esa escena inicial y la miramos distinto, como corresponde cuando una obra propone detenerse: no para quedarse quieto, sino para pensar mientras el tiempo sigue corriendo afuera de la sala, implorable, hacia la muerte.
