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Martes, 20 de octubre de 2026
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El Batman que nunca vimos: la promesa truncada de Affleck que Manganiello rescata del olvido

Las memorias del actor que iba a ser Deathstroke abren una puerta a una película que jamás se rodó: la cacería de Batman en una Gotham oscura, con Jim Gordon muerto y una Batgirl llegada en el momento más crudo. Un guion que sigue latiendo en el papel.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 53 min
El Batman que nunca vimos: la promesa truncada de Affleck que Manganiello rescata del olvido

Una Baticueva a medio construir, con Affleck sentado frente a un pizarrón lleno de flechas y nombres propios, repasando una y otra vez la estructura de un thriller que nunca terminó de filmarse. Esa es la imagen que me queda dando vueltas después de leer las memorias de Joe Manganiello, ese actor grandote y querible que estaba destinado a convertirse en la némesis definitiva del Caballero Oscuro y que, en cambio, terminó viendo cómo el proyecto se desmoronaba entre cambios de mando y decisiones de estudio. En Bloodlines: A Memoir, publicado hace pocas semanas, Manganiello se permite por fin contar lo que casi nunca se supo: qué había imaginado Affleck para esa película de Batman que iba a escribir, dirigir yprotagonizar dentro del universo extendido de DC.

Una cacería con forma de thriller de los noventa

Lo primero que hay que entender es la matriz del relato. Manganiello cuenta que Affleck pensaba esta historia como una versión superheroica de The Game, el film que David Fincher estrenó en 1997 con Michael Douglas como protagonista. Quien haya visto The Game sabe de qué se habla: una trampa psicológica donde la víctima cree estar viviendo su vida normal y, sin notarlo, termina siendo arrastrada por una montaña rusa diseñada por otros. Esa energía quería Affleck para su Batman.

El motor de la persecución era Slade Wilson, el mercenario que el actor tenía que encarnar. Deathstroke estaba convencido de que Batman había matado a su hijo, y esa certeza funcionaba como un motor a explosiones que empujaba la trama hacia un callejón sin salida. La cacería llevaba a Slade a irrumpir en la Baticueva, tomar como rehén al querido Alfred Pennyworth y terminar con la vida del comisionado Jim Gordon. Un golpe tras otro, sin respiro, en una Gotham pensada para que cada luz encendida terminara apagándose.

Batgirl, un tren elevado y un clímax salido de un videojuego

Pero el guion no se quedaba en el oscuro revenge movie. Manganiello revela que Affleck quería sumar una nueva Batgirl al elenco estable del universo, una incorporación que funcionara a la vez como punto de luz en medio del horror y como relevo generacional para un Bruce Wayne cada vez más cansado. La heroine se sumaba al Caballero Oscuro para enfrentar a Deathstroke en una pelea que, según describe el actor, dejaba a ambos héroes al borde de la muerte antes de escapar subidos a un tren elevado.

  • La irrupción de Deathstroke en la Baticueva y la toma de Alfred como rehén.
  • El asesinato del comisionado Jim Gordon, un golpe emocional pensado para quebrar a Bruce Wayne.
  • La llegada de una nueva Batgirl, pensada como relevo y como contrapunto humano.
  • Una pelea entre Batman y Batgirl contra Deathstroke al borde de la muerte.
  • La persecución final por las calles de Gotham inspirada en la cinemática de Batman: Arkham Origins.

El gran cierre estaba reservado para un mano a mano entre Batman y Deathstroke por las calles góticas. La referencia directa, según le confirmó el propio Affleck, era la cinemática de apertura de Batman: Arkham Origins, el videojuego de 2013 cuya escena inicial fue dirigida por Tim Miller, el mismo que después se pondría detrás de cámara en Deadpool. Quien haya jugado ese arranque sabe de qué se habla: un Batman joven, violentísimo, descargando golpes en una nevada interminable. Esa misma brutalidad quería llevar Affleck a su película.

El proyecto que se canceló y el personaje que terminó mutando

Como casi todo el mundo sabe, la película nunca se rodó. La versión que sí llegó a los cines en 2022 fue The Batman, con Robert Pattinson como protagonista y Matt Reeves como director, una relectura detectivesca y mucho más cruda del personaje que tomó distancia del universo extendido original. Más adelante, el batmanto pasó a manos de DC Studios, hoy conducido por James Gunn y Peter Safran, que ya tienen en carpeta The Brave and the Bold, la apuesta que introduciría a Damian Wayne como Robin, y The Batman Part II, la continuación del film de Reeves. Deathstroke, mientras tanto, sigue siendo uno de los grandes personajes de DC que el cine todavía no termina de acomodar en una película propia.

Después de cerrar el libro, lo que más me queda es una sensación rara. No es rabia ni melancolía pura: es algo parecido al cariño por una idea que existió lo suficiente como para dejar huella, aunque nunca haya pasado del papel. Me hubiera gustado ver, sobre todo, esa pelea definitiva entre Batman y Deathstroke por las calles de Gotham, rodada con la nieve y la fiereza de Arkham Origins. Me hubiera gustado ver, también, cómo resolvía Affleck la entrada en escena de una nueva Batgirl en medio del caos. Y, si me apuran, me hubiera encantado saber qué hacía Manganiello con un Slade Wilson convencido de que Batman le había arrancado un hijo. Quizás algún día, en otra camada dedirectores, alguna de esas ideas termine encontrando su pantalla. Mientras tanto, quedan las páginas de Bloodlines y el recuerdo de un Batman que fue, durante un rato, casi una promesa.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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